Jue. Oct 21st, 2021

No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.
(Juan 15:16)

Si hay una característica de Jesús que podemos destacar es su amor incondicional. Dentro de los registros que hay de la antigüedad podemos ver que Jesús fue uno de los primeros hombres en valorar a los niños, a las mujeres – con muy poco valor hasta entonces – y a los que vivían marginados de la sociedad: las prostitutas, los enfermos y hasta los cobradores de impuestos.

Esto incomodó a mucha gente pues el Mesías no estaba entre la «pompa de los tabernáculos» y el ambiente de los fariseos. A Jesús lo encontraban en medio del pueblo, entre los niños o a la orilla de la playa entre los pescadores. Muchos religiosos cuestionaron ese comportamiento, pero Jesús fue categórico: «No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2:17).

¡Jesús nos escogió! Entre capacitados y justos Dios extendió su mano y nos alcanzó con su perdón. Nos escogió por su gracia, no por mérito, por su amor incondicional. Así como a nosotros, Jesús escogió aquellos pescadores como sus discípulos antes de que ellos lo escogieran como maestro. El resultado de esta elección fue la edificación de la vida de cada uno – un fruto permanente – de manera que ellos pudieran esparcir la semilla del evangelio de la salvación a todos los escogidos.

Jesús nos escogió y como discípulos tenemos una misión: anunciar el evangelio del Señor a los que todavía no saben que Jesús los llamó a una vida de alegría y de victoria.

Por admin

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